Ballet clásico

Niveles y horarios

Iniciación a la danza:

De 4 a 6 años

  • Martes de 17:30 a 18:30 h.

Grado elemental:

De 7 a 10 años

  • Miércoles de 17:15 a 18:25 h.

Grado medio:

De 10 a 12 años

  • Lunes de 17:30 a 19:00 h.
  • Miércoles de 18:30 a 20:30 h.
  • Jueves de 17:30 a 20:30

Grado avanzado:

De 12 a 15 años

  • Miércoles de 18:30 a 20:30 h.
  • Sábados de 10:30 a 12:30 h.

Grado superior:

A partir de los 16 años

  • Jueves de 17:30 a 19:00 h.
  • Sábados de 10:30 a 12:30 h.

Beneficios del Ballet

Mejora la elasticidad

Tanto la flexibilidad como la elasticidad son imprescindibles para ejecutar los movimientos de este baile. Es por ello que realizarlos de continuo mejorará la capacidad de realizar ciertos movimientos con más fluidez.

Ayuda a corregir posturas

La postura puede entrenarse y si lo fomentamos desde pequeños mucho mejor, así evitaremos posibles futuras enfermedades de espalda. Los ejercicios del ballet trabajan el movimiento de la postura de todo el cuerpo.

Relaja y libera adrenalina

El ballet es saludable también para la mente. La adrenalina liberada al practicarlo nos hace sentir más vivos y felices y por lo tanto más relajados. Por lo que su práctica generará un mejor descanso y evitará la agresividad.

Aumenta la concentración

Entrenar el cuerpo y calmar la mente son dos de los fundamentos de esta actividad, por lo que de la mano de ellos irán la concentración, la serenidad y la confianza, que parten del esfuerzo y el seguimiento de una metodología muy concreta y disciplinada.

Potencia la creatividad y la imaginación

Fomentar el movimiento mediante esta expresión artística genera al bailar, tanto solos como acompañados, conocerse e imaginar nuevas posiciones. La creatividad es algo que tenemos innato y potenciarla es muy positivo para nuestro desarrollo humano.

Fomenta el trabajo en equipo

Bailar en grupo genera vínculos y el sentimiento de pertenencia que da lugar a valores como la empatía o la responsabilidad. Valores que, si se comienzan a trabajar desde pequeños, darán lugar a un adulto con más confianza y capaz de saber relacionarse mejor en cualquier contexto social.

Historia del ballet

El ballet clásico o danza clásica es un tipo de baile o danza muy técnico que ha definido las técnicas fundamentales de muchos otros géneros y estilos de danza.

El término “ballet” viene del francés y significa baile coreografiado, que a su vez procede del italiano “balletto” diminutivo de “ballo” (baile) tomado del latín ballo/ballare (bailar) a su vez tomado del griego “ballizo” que significa bailar o saltar. Este término fue utilizado por primera vez para referirse a este tipo de danza/composición por el compositor francés Balthazar de Beajoyeaux.

Su historia como tal, empieza en la corte italiana renacentista en los siglos XV y XVI. Cuando Catalina de Médici contrae matrimonio con el rey francés Enrique II en 1533 lo introduce en Francia. Pero la fecha clave es 1581, con el estreno en París del denominado Ballet cómico de la Reina de Balthazar de Beaujoyeulx, interpretado por aristócratas ante la corte.

Este origen del ballet, que difiere en gran medida al que conocemos hoy, era un acto preparado para complacer al monarca y a sus invitados. Estas presentaciones se llamaron ballets y eran interpretados por los propios miembros de la corte y en ocasiones por el mismo rey. En aquella época, aún no existía la figura del bailarín profesional.

Tras estos primeros años se fue desarrollando el ballet en las cortes europeas, especialmente la francesa. Luis XIV (el rey Sol) era un gran apasionado de la danza, que había recibido formación y representado muchas obras del ballet en su corte, creó la primera escuela y compañía profesional de ballet: el Ballet de la Ópera de París. Allí fue donde se codificaron las cinco posiciones básicas, algunos pasos y se fue perfeccionando la técnica. Este desarrollo en Francia explica el predominio del idioma francés en el vocabulario de ballet.

El punto de inflexión, tras este periodo de desarrollo, se sitúa a finales del siglo XVIII y principios del XIX con el movimiento romántico, cuando se crea la génesis del ballet moderno como tal. Es en esta época en la que los bailarines empiezan a hacer movimientos etéreos y aéreos entre otros; el baile sobre zapatillas de puntas de las bailarinas empieza a desarrollarse…

El primer gran ballet romántico es La Sílfide, estrenado en la Ópera de París en 1832, si bien la gran representación de la época fue Giselle (1841), donde la bailarina principal es el centro del espectáculo, pálida, etérea, envuelta en vaporosas telas. Ambas obras se representaban en dos actos, el primero representando el mundo terrenal y el segundo el espiritual.

El siguiente gran desarrollo se produce a partir de la segunda del siglo XIX y la figura clave de esta época es el francés Marius Petipa, que es invitado en 1847 a colaborar con el ballet imperial de San Petersburgo. Bajo su dirección se produciría la gran eclosión del ballet y en 1881 el compositor Tchaikovsky empezó a trabajar para Petipa y sería en esta alianza en la que se crearían las obras de ballet más importantes de toda la historia: “El lago de los Cisnes” (1895), “El Cascanueces” (1892) y “La bella durmiente” (1890).

Los vínculos de Petipa con España fueron singulares. Su paso como bailarín en 1845 por el Teatro del Circo de Madrid le aproximó a nuestra cultura y las tradiciones, que luego recrearía en su labor coreográfica en Rusia. El conocimiento obtenido se haría presente en buena parte de su más valorada obra creativa, como puede verse en “Don Quijote”.

La vasta producción de Petipa contiene otras obras significativas dentro del contexto del ballet ruso, aunque no tan conocidas como las citadas: Paquita, Esmeralda, Raymonda, El talismán, La cenicienta, junto a Enrico Cecchetti y Lev Ivanov, y Arlequinada. Igualmente, sus reposiciones de La sílfide, Giselle y Coppelia, permitieron la permanencia de la impronta del romanticismo dentro de un ámbito social y cultural distinto.

Durante el siglo XX, se produce la expansión internacional del ballet. Con especial mención a la creación en 1907 de la compañía los Ballets Rusos por el empresario e intelectual de San Petersburgo Sergei Diaghilev, que contaba con los mejores bailarines del Ballet Imperial de San Peterburgo dirigidos por Marius Petipa. Causó gran sensación por toda Europa, especialmente en París, dado el gran desarrollo del ballet ruso a diferencia del que se había seguido en Francia.

Mientras tanto el ballet se expande por todo el mundo con la formación de nuevas compañías como el Ballet de Londres (1931) o el American Ballet (1937), entre muchos otros.

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